miércoles, 26 de septiembre de 2018

LA JUVENTUD COMO CONTRUCCIÓN SOCIAL

La juventud es una construcción social reciente, es decir, es una invención social a partir de la cual, la sociedad ha producido una nueva categoría existencial y vivencial, los y las jóvenes. Los y las jóvenes tal y cual los percibimos, entendemos o sufrimos hoy, son producto de la evolución que ha sufrido la sociedad moderna y capitalista. Sólo a partir de mediados del siglo XIX, y debido al auge de la burguesía capitalista, es que comienza a existir un tipo nuevo de sujetos, los jóvenes. Estos jóvenes, gracias a los logros económicos de sus progenitores, que han dejado de ser niños, y que no necesitan hacerse cargo inmediatamente de la supervivencia personal y de sus familias, sino que han de prepararse, es decir, acumular sabiduría y educación, ensayar roles, para asumir posteriormente sus obligaciones son quienes, inicialmente, dan origen a lo que hoy conocemos como la juventud. Sin embargo, es sólo hasta los fines de la década de los cincuenta, cuando esta condición de juventud comienza realmente a masificarse, extendiéndose a los hijos de las clases medias (profesionales y obreros industriales). Esta juventud, como categoría ampliada, se desarrolla inicialmente en EE.UU. y posteriormente en la Europa de posguerra, en el período de auge económico que sigue a la reconstrucción de Europa devastada y, que coincide con uno de los largos períodos de bonanza económica del siglo XX, que se verá interrumpido solamente con los la recesión de los años 1973 al 1975 que golpeó particularmente a las economías europeo occidentales. Mas en América Latina, se deberá esperar prácticamente hasta fines de los 60 y principios de los 70 para que se haga extensiva, esta categoría, a los sujetos juveniles populares, pues hasta ese momento, la juventud —como categoría social— respondía exclusivamente al perfil de estudiante universitario. Es gracias a la masificación de la educación básica y posterior ampliación del acceso a la secundaria, al crecimiento de las urbes, con su poderosa atracción sobre la vida tradicional campesina, junto a la masificación de los medios de comunicación, especialmente la radio y muy posteriormente la televisión, que se puede comenzar a hablar, de los y las jóvenes como categoría social amplia. Sin embargo, en esta construcción social de la juventud, como históricamente se ha dado, han permanecido ausentes, hasta hoy, los jóvenes rurales, y también las mujeres jóvenes. Ellos no son parte aún, en su totalidad, de este concepto de juventud, tal y como se lo entiende en las grandes ciudades urbanas, y que responde más bien al modelo de varón, urbano y en gran medida estudiante.
La vida del joven transcurre entre las historias que se tejen en la casa y su lugar de estudio (o de trabajo, si lo tienen). La calle, parafraseando a Winnicott (1996), se constituye como un espacio transicional cuya realidad no se puede definir totalmente como un fenómeno subjetivo o como un fenómeno propiamente objetivo. La calle, entonces, sería un fenómeno transicional, que no pertenece de forma absoluta a la realidad exterior y tampoco se enclava en la perspectiva interior del aparato psíquico. La calle representa un campo intermedio en el cual se desarrollan las experiencias y circunstancias vitales y triviales del sujeto. Por ello, se puede retomar el concepto de fenómenos transicionales, entendido como aquello que se utiliza para designar la zona intermedia de experiencia entre el pulgar y el osito, entre el erotismo oral y la verdadera relación de objeto, entre la creatividad primaria y la proyección de lo que se ha introyectado, entre el desconocimiento primario de una deuda (con el mundo exterior) y el reconocimiento de ésta (Winnicott, 1996). Justamente eso es lo que propicia la calle: una zona que se mueve entre una zona de placer y distensión como lo es la Universidad, el bar, el centro comercial, la cafetería y una realidad constituida por los códigos de la casa.

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