miércoles, 26 de septiembre de 2018

SOCIABILIDAD E IDENTIDAD EN LA TRIBU

Los elementos principales de la experiencia de ser joven, en la actualidad, es sobreponerse al anonimato de las grandes urbes, dejar huella, ser reconocido en su existencia. Es decir, poder reconocerse como sujeto, tener una identidad. Sin embargo, dotarse de algo tan complejo y necesario no es, con mucho, una tarea fácil y a ello, el o la joven, dedicarán una parte importante de sus energías y de su existencia. En este buscar y re-buscar identidades o puntos de referencia los y las jóvenes se ven sometidos a tensiones y contradicciones que los sitúan, en algunos casos, en puntos críticos de su construcción de identidad. La diferencia o abismo que existe entre sus aspiraciones y sus posibilidades. Como bien lo resume Machado: Es posible que algunos jóvenes, ante esta tensión entre experiencia y expectativas, adopten también posturas defensivas y traten de prolongar el «campo de experiencia», es decir, la vida de cada día (Machado, 2000). Campo que, por lo demás, podemos definir como de «experticia» para cada uno de los involucrados, puesto que en él construyen sus saberes y estrategias cotidianas para mejorar su calidad de vida, de acuerdo a sus propios parámetros de convivencia y estatus, los que casi siempre no coinciden con los de la sociedad adulta. Juan Claudio Silva 123 Vemos entonces, cómo él o la joven, en este proceso que hemos descrito, de búsqueda y de afirmación de su propio yo, abandona su familia, el grupo inicial de referencia, por otro que está fuera de su hogar, que se constituye a partir de otros que como él o ella, se encuentran en la intemperie, a la caza de elementos y rostros que les dé una identidad, es decir, una seguridad mínima sobre la cual armar su propia visión de los que son y lo que desean ser. En este movimiento de búsqueda individual, interior, tan irremediablemente necesario, el joven busca a otros, de ahí que la conformación de la identidad, al menos en un primer momento se haga en referencia a los otros. Es decir, que la identidad personal, paradojalmente, se edifica a partir de conocer y reconocerse en otros. Es lo que Machado define como las «revueltas de la vida»: «donde se exalta la sociabilidad juvenil y las culturas juveniles». Y en este punto adquiere fuerza el grupo de pares o el de referencia, los que en la actualidad, están fuertemente dominados por la presencia y la estética de la tribu urbana, que constituye la versión más contemporánea de socialización grupal. Es, en palabras de Aguirre y otra, un modo de vivir junto a otros en la seguridad que da un modo particular de cultura simbólica.



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