Los elementos principales de la experiencia
de ser joven, en la actualidad, es sobreponerse al anonimato de
las grandes urbes, dejar huella, ser reconocido en su existencia. Es
decir, poder reconocerse como sujeto, tener una identidad. Sin embargo,
dotarse de algo tan complejo y necesario no es, con mucho, una
tarea fácil y a ello, el o la joven, dedicarán una parte importante de sus
energías y de su existencia.
En este buscar y re-buscar identidades o puntos de referencia
los y las jóvenes se ven sometidos a tensiones y contradicciones que
los sitúan, en algunos casos, en puntos críticos de su construcción de
identidad. La diferencia o abismo que existe entre sus aspiraciones y
sus posibilidades. Como bien lo resume Machado:
Es posible que algunos jóvenes, ante esta tensión entre experiencia y expectativas,
adopten también posturas defensivas y traten de prolongar el «campo
de experiencia», es decir, la vida de cada día (Machado, 2000).
Campo que, por lo demás, podemos definir como de «experticia»
para cada uno de los involucrados, puesto que en él construyen
sus saberes y estrategias cotidianas para mejorar su calidad de vida, de
acuerdo a sus propios parámetros de convivencia y estatus, los que
casi siempre no coinciden con los de la sociedad adulta.
Juan Claudio Silva 123
Vemos entonces, cómo él o la joven, en este proceso que hemos
descrito, de búsqueda y de afirmación de su propio yo, abandona
su familia, el grupo inicial de referencia, por otro que está fuera de su
hogar, que se constituye a partir de otros que como él o ella, se encuentran
en la intemperie, a la caza de elementos y rostros que les dé
una identidad, es decir, una seguridad mínima sobre la cual armar su
propia visión de los que son y lo que desean ser.
En este movimiento de búsqueda individual, interior, tan
irremediablemente necesario, el joven busca a otros, de ahí que la
conformación de la identidad, al menos en un primer momento se
haga en referencia a los otros. Es decir, que la identidad personal,
paradojalmente, se edifica a partir de conocer y reconocerse en otros.
Es lo que Machado define como las «revueltas de la vida»: «donde se
exalta la sociabilidad juvenil y las culturas juveniles». Y en este punto
adquiere fuerza el grupo de pares o el de referencia, los que en la actualidad,
están fuertemente dominados por la presencia y la estética de
la tribu urbana, que constituye la versión más contemporánea de socialización
grupal. Es, en palabras de Aguirre y otra, un modo de vivir
junto a otros en la seguridad que da un modo particular de cultura
simbólica.

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